Sobre Mi

Francisco Suárez Salguero

 Me llamo Francisco Antonio Suárez Salguero. Soy un hombre sacramentalmente ordenado y con misión eclesial como presbítero, uno que va entrando en años en estos momentos de finales como quien dice de 2017. Nací en Ribera del Fresno (Badajoz) cuando eran los momentos iniciales del año 1953, el 4 de enero. Fueron mis padres, como mis ancestros, gente de labranza, del campo. Tuve y tengo una hermana, Micaela, esposa y madre en una familia encantadora. También tengo, entre tíos y tías, primos y primas, muchos familiares, y amistades, y allegados…   La breve presentación que aquí ofrezco ahora –ya habrá tiempo y espacio para más– se ciñe o resume en algunos datos sucintos:Mis recuerdos de infancia tal vez vaguen aún por la ribereña calle Hospital, que el franquismo llamó de José Antonio. Mi casa era la del número 24, que luego derivó en salón de celebraciones y propiamente de aquella movida del siglo XX que se despere-zaba del aburrimiento o de los guateques de mis tiempos más adolescentes, los que recuerdo no tanto porque los participara sino porque existían.Además de esos recuerdos de casas y calles de Ribera, de los campos, de las eras, del arroyo Valdemedel, etc., tengo los de mucha gente entre quienes viví.

Estuve en el Hogar de Nazaret, de donde recuerdo a María Sánchez o a Teresita, entre otras, de la Institución que en Ribera fundó Don Luis Zambrano. Allí aprendía las letras y los números para empezar. Pero luego no fue asiduo a la escuela propiamente dicha, de modo que más bien puede decirse que estoy sin escolarizar. Tuve, eso sí, escuelas particulares nocturnas, algo muy habitual entre muchachos y adultos de entonces. Recuerdo entrañablemente a maestros como a Don Paco Ramos y a Don Virgilio. Tam-bién recuerdo a maestras como Doña Juanita.

Hice el bachillerato de entonces de manera muy variada, de manera sintomática de có-mo ha sido mi vida, de manera entre accidentada o con sus incidentes.

Primero de bachillerato lo hice con Don Paco, examinándome por libre en el instituto Santa Eulalia de Mérida.

Segundo de bachillerato lo hice en Almendralejo, interno en el colegio menor Santa Ana y alumno en el colegio Ntra. Sra. de la Piedad. De estos años, siendo los 16 de mi edad, proviene, con vericuetos existenciales, mi vocación sacerdotal, según la cual llegaría más tarde a recibir las sagradas órdenes.

Luego de Almendralejo estudié interno en Don Benito, con los padres claretianos, guardando un gran recuerdo sobre todo del P. Marino Pérez, sin que sea malo el re-cuerdo de los demás. Hubo sus incidencias en estos años, entre ellos el de haber enfer-mado de cáncer mi padre.

Terminé el bachillerato en el instituto de Villafranca de los Barros, pasando luego al seminario mayor de Badajoz por un tiempo. Pero me trasladé al seminario mayor de Sevilla, con el permiso y la bendición del Sr. Obispo Pacense Don Doroteo. En Sevilla me recibió extraordinariamente bien el Sr. Cardenal Don José María Bueno Monreal, prelado de gran bondad y magnánimo.

Fue muy rico y pletórico de vivencias mi tiempo de seminarista sevillano, no tardando en llegar a una muy cercana relación y cercanía con Don Juan del Río, ahora arzobispo castrense.

Mis órdenes menores y de diácono fueron en Pilas (Sevilla), confiriéndome el diaco-nado en diciembre de 1977 el Sr. Cardenal Bueno Monreal.

Mi ordenación sacerdotal fue también en Pilas (Sevilla), el 6 de mayo de 1979, siendo el obispo ordenante, debidamente autorizado, Don Jesús Domínguez, que era de Pilas y a la sazón obispo de Coria-Cáceres.

Los lugares en los que ejercí el sacerdocio fueron varios: formando equipo arciprestal todos los pueblos del arciprestazgo de Pilas, Castilleja del Campo como primer encargo propio. Luego estuve en la sierra norte sevillana: Alanís de la Sierra, San Nicolás del Puerto, con gran recuerdo y presencia en Cerro de Hierro y Las Navas de la Concep-ción.

Ya en el pontificado del Sr. Arzobispo (y luego cardenal) Fray Carlos Amigo Vallejo, de gratísimo recuerdo y del que estoy muy agradecido, pasé a Roma, haciendo mis es-tudios y licenciatura en Ciencias de la Educación, especializándome en Didáctica y Comunicación de la Cultura.

Regresé luego y formé parte del equipo formador del Seminario de Sevilla, como docente también en el Centro de Estudios Teológicos.

Fui párroco de la de San José Obrero en San Juan de Aznalfarache, pasando de luego a ser vicario parroquial en Pilas.

Estuve un año dedicado a la oración y a la práctica de la misericordia entre los Esclavos de María y de los Pobres de Alcuéscar (Cáceres), permaneciendo luego en esta diócesis, siendo obispo de la misma Don Ciriaco Benavente. Fue párroco de Zarza de Montánchez y encargado de Torre de Santa María y Salvatierra de Santiago. Luego, entre otras cosas y por breve tiempo, fue párroco en Sierra de Fuentes.

Reclamado por el Sr. Arzobispo de Sevilla, Don Carlos, fue durante varios años Di-rector del Departamento de Acción Pastoral de la Fundación San Pablo CEU Andalucía.

Hice el doctorado en la Universidad de Sevilla, con la tesis: “Claves para la forma-ción ética desde la relación virtudes-valores según la teoría moral de Alasdair MacIn-tyre”.

Entre diversas colaboraciones pastorales, fui luego en la ciudad de Badajoz párroco de la de Santiago Apóstol, siendo obispo Don Santiago García Aracil. De allí pasé a ser párroco de la de Santa María del Alcor, en El Viso del Alcor (Sevilla), cargo en el que permanecí durante diez años.

 

En el año 2017 me vine a Ribera del Fresno, desde donde atiendo como párroco las poblaciones vecinas de Hinojosa del Valle y Puebla del Prior. Permitió este traslado el Sr. Arzobispo de Sevilla, Don Juan José Asenjo Pelegrina, siendo muy bien recibido por el arzobispo de Mérida-Badajoz, Don Celso Morga. Muestro mi gratitud a ambos prelados.

Mi traslado se debe a motivos de salud y de edad, siendo mis enfermedades más destacadas las relacionadas con la cardiología y la psoriasis-artritis. De todos modos, me mantengo activo e ilusionado…

Pero luego hube de retirarme a la Casa Sacerdotal Santa Clara, en Sevilla, por motivos de salud, atendiendo desde allí la tarea que se me encomendó en la Basílica de N. P. Jesús del Gran Poder.

Entre muchas aficiones y gustándome muchas cosas, he pintado a veces, haciendo algunas exposiciones. Y también soy el que escribe el Chronicon al que en gran manera está dedicado este blog o página web que a todo el mundo se ofrece. Espero que gusten y disfruten sobre el particular y sobre cuanto enriquezca y avíe desde aquí.

  

JUBILARSE Y SEGUIR CRECIENDO

Jubilarse es palabra (verbo) proveniente de jubileo (período festivo, de indulgencias, etc., sobre todo en la tradición católica, para cada significativo período de tiempo o efemérides). Pero vamos a darle aquí el significado más común de disponer, por razón de años o vejez, por largos o cumplidos servicios, o por impedimentos y obligada dejación de funciones, del trabajo o del ejercicio de las tareas, dejándolas a un lado, para descansar, distraerse, disfrutar…, sin que se deseche nadie ni a nadie por inútil, pero sí viéndose libre de obligaciones y beneficiario de los cuidados que correspondan, con la debida y justa remuneración, reconocimiento, recompensa, haciendo cada jubilado/a cuanto buenamente pueda, en siéndole posible, etc.
Oración del jubilado
   La siguiente es una oración que la escribió un religioso anciano, pero que puede servir para todas las personas que entran o se encuentran entran en la edad de jubilación.
Ayúdame, Señor, a seguir creciendo como Hermano.
Convénceme de que no son injustos conmigo
los que me quitan alguna de las responsabilidades
que ocuparon mi tiempo y mi energía;
los que no piden mi opinión como antes;
los que llaman a otro
para que ocupe mi puesto.
Quítame el orgullo de mi experiencia pasada.
Quítame el sentimiento
de creerme indispensable.
Que en este gradual desapego de las cosas
yo sólo vez la ley del tiempo, Señor,
y considere este relevo en algunos trabajo
como una llamada que me haces a ser feliz,
como una manifestación interesante de la vida
que se revela bajo el impulso de tu providencia.
Pero ayúdame, Señor,
para que siga siendo útil a los demás
contribuyendo con mi optimismo y mi oración
a la alegría y el entusiasmo
de los que ahora tienen la responsabilidad;
viviendo en contacto humilde y sereno
con el mundo que cambia,
sin lamentarme por el pasado que ya se fue;
aceptando mi salida de unos campos de actividad
como acepto con naturalidad sencilla la puesta de sol.
Finalmente, te pido que me perdones
si sólo en esta hora tranquila
caigo en la cuenta de cuánto me amas;
y concédeme que, a lo menos ahora,
mire con gratitud hacia el horizonte
desde el primer momento de mi vida.
Enséñame, Señor, a envejecer y a seguir creciendo. Amén.

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