ENSEÑANZA Y MAGISTERIO DE LA IGLESIA

ÍNDICE O SUMARIO DE CUANTO SE MUESTRA A CONTINUACIÓN
  • Misericordia.
  • Magisterio del Papa Francisco.
  • Gaudete et exultate.
  • El festín de Babette, una película altamente recomendable.
  • Abortar.
  • Nacionalizar: A considerar en Doctrina Social de la Iglesia.

MISERICORDIA

   Todo santo tiene su pasado y todo pecador su futuro.

   Parece a primera vista que la recompensa sea igual al bien que se ha hecho, pero en realidad es infinitamente más grande. Los hombres practican la misericordia como hombres y obtendrán a cambio misericordia del Dios del universo. La misericordia humana y la divina no son iguales: entre ellas hay tanta distancia como entre la maldad y la bondad (San Juan Crisóstomo: Comentario a Mateo 15, 4).

    Los testarudos de alma, los rígidos, no comprenden qué es la misericordia de Dios. Son como Jonás: Tenemos que predicar esto, y que esos sean castigados porque han cometido el mal y deben ir al infierno… Los rígidos no saben ensanchar su corazón como el Señor. Los rígidos son pusilánimes, con su pequeño corazón cerrado, apegados a una justicia desnuda. Y olvidan que la justicia de Dios se hizo carne en su Hijo, se hizo misericordia, se hizo perdón; que el corazón de Dios está siempre abierto al perdón. Y lo que olvidan los testarudos es precisamente que la omnipotencia de Dios se hace ver, se manifiesta sobre todo en su misericordia y en el perdón.

   No es fácil entender la misericordia de Dios, no es fácil. Hace falta mucha oración para comprenderla porque es una gracia. Estamos acostumbrados al “me lo has hecho; te la devolveré”; a esa justicia “del que la hace la paga”. Pero Jesús pagó por nosotros y sigue pagando. (Papa Francisco: Homilía, 10 octubre 2017).

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MAGISTERIO DEL PAPA FRANCISCO

Lumen fidei (encíclica, año 2013).

Evangelii gaudium (exhortación apostólica tras la clausura del Año de la fe, año 2013).

Laudato Si’ (encíclica, año 2015).

Amoris laetitia (exhortación apostólica postsinodal sobre el amor en la familia, año 2016).

Gaudete et axultate

GAUDETE ET EXULTATE

ALEGRAOS Y REGOCIJAOS

Sobre la llamada a la santidad en el mundo actual

Exhortación Apostólica del Papa Francisco

Del 19 de marzo de 2018, Solemnidad de San José

En el sexto año de su pontificado

   El papa Francisco hace resonar en esta exhortación apostólica la llamada a la santidad en el actual contexto social y cultural. No sólo nos convoca a una santidad heroica, sino también a esa otra santidad cotidiana de quienes crían con amor a sus hijos, trabajan para llevar el pan a casa o aceptan con una sonrisa la vejez y la enfermedad. Todos estamos llamados a ser reflejo de la presencia de Dios, viviendo con caridad e identificándonos con Cristo y su empeño por construir un reino de amor, justicia y paz. Las bienaventuranzas, como señala el papa Francisco, son la clave de una buena práctica cristiana y de la genuina felicidad.

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EL FESTÍN DE BABETTE, UNA PELÍCULA ALTAMENTE RECOMENDABLE
   Es altamente recomendable por el Papa Francisco. Es su película favorita, un film danés que nos desafía a mirar fuera de nosotros mismos para ponernos al servicio de la misericordia, no menos que del ecumenismo. El Papa referenció esta película en su exhortación apostólica postsinodal Amoris Laetitia. Nunca antes se había mencionado una película en un documento pontificio. Con los medios con que contamos hoy, la película es fácil de ver.
   Ya hubo por parte del Papa Francisco su declaración comparando el comportamiento rígido de quienes se oponen a su compromiso ecuménico con la rigidez de los ciudadanos representados  en El festín de Babette.
   Y ¿por qué le gusta tanto al Papa Francisco esta película y sigue recomendándola? ¿Qué lecciones espirituales podemos aprender de ella?
   He aquí, antes que nada, una breve sinopsis para quienes aún no la han visto y para que se animen a verla. La película comienza en una pequeña aldea protestante danesa que lleva muchos años siendo guiada por un pastor muy estricto.
   Las creencias de la congregación son extremadamente “puritanas”, haciendo de la aldea un lugar apagado, gris, donde apenas brilla la alegría. Los habitantes del pueblo están tan preocupados por cumplir con tantísimas normas que temen permitirse cualquier tipo de placer terrenal.
   Tras la muerte del pastor, sus hijas se ven forzadas a liderar la menguante congregación. Confiaban en poder casarse, pero su padre se negaba rotundamente al matrimonio y había prohibido o dificultado a cualquier pretendiente que se acercara a sus hijas.
   Entonces, tras algunos relatos o episodios que se suceden, un día, una mujer francesa, Babette, llega al pueblo aquel y le da la vuelta a lo sombrío del mismo. Mientras trabaja como ama de casa en la aldea, Babette descubre que ha ganado un premio de la lotería en París y, en vez de tomar el dinero y volver a casa, decide gastarlo todo en un auténtico “festín francés”.
   Muchos de los vecinos se escandalizan por la profusión de coloridos ingredientes y deciden negarse a degustar lo que quiera que cocine. Consideran que el festín es un “sabbat satánico” y creen firmemente que no deberían disfrutar la comida porque les expondría a terribles pecados.
   Sin embargo, una vez sentados a la mesa y tras dar unos bocados a la variedad de platos, descubren rápidamente que resistir es más difícil de lo que pensaron. Llega un momento que no pueden contenerse más y disfrutan abiertamente del festín, después del cual todos se sienten eternamente agradecidos a Babette por haber abierto sus ojos a los sencillos placeres de la vida.
   El Papa Francisco contempla la belleza de la película de formas diferentes. Primero, ve el festín como un ejemplo de auténtica felicidad. Según escribe en Amoris laetitia:
   “Las alegrías más intensas de la vida brotan cuando se puede provocar la felicidad de los demás, en un anticipo del cielo. Cabe recordar la feliz escena del film El festín de Babette, donde la generosa cocinera recibe un abrazo agradecido y un elogio: ‘¡Cómo deleitarás a los ángeles!’. Es dulce y reconfortante la alegría de provocar deleite en los demás, de verlos disfrutar. Ese gozo, efecto del amor fraterno, no es el de la vanidad de quien se mira a sí mismo, sino el del amante que se complace en el bien del ser amado, que se derrama en el otro y se vuelve fecundo en él” (AL, 129).
   El Papa Francisco percibe en la desprendida generosidad de Babette un ejemplo digno de imitar. Babette gasta todas las ganancias de la lotería en este festín y pasa semanas planificando la comida y reuniendo los ingredientes necesarios. Esta es la dicha que el Papa Francisco quiere que experimentemos, una alegría que no se centre en deseos egoístas, sino en el disfrute de los demás.
   En segundo lugar, el Papa Francisco considera la película como una llamada a que nos abramos al trabajo del Espíritu Santo. A veces nos sentimos tentados a imitar a los fariseos de antaño y poner una valla en torno a nuestras creencias para centrarnos en las normas humanas que elaboramos para protegernos a nosotros mismos.
Las normas, sin duda, son necesarias, pero cuando nos obsesionamos con ellas y establecemos otras nuevas que no tienen correlación con el corazón de los Evangelios, nos cegamos ante la voluntad de Dios para nuestras vidas.
   Esto no es una crítica a los Diez Mandamientos ni a las inmutables verdades dogmáticas, sino a las normas que nosotros hacemos (como el ignorar a los protestantes) para protegernos de cometer pecado. El Papa Francisco nos desafía a replantearnos de qué forma querría Dios que nos acercáramos con misericordia a aquellos con los que no estamos de acuerdo, sin temor a entablar diálogo con ellos.
   En esta película resuenan los deseos del Papa Francisco. El filme destaca la necesidad de la misericordia no a expensas de la verdad, sino en unión a la verdad. El brindis al final de la comida resume perfectamente por qué al Papa Francisco le encanta esta película:
   “Llega el día cuando nuestros ojos se abren,
y llegamos a entender que la misericordia es infinita.
Sólo es necesario esperarla con confianza
y recibirla con gratitud.
La misericordia no impone condiciones.
Y, he ahí, todo lo que hemos elegido
nos ha sido concedido,
y todo lo que rechazamos
también nos ha sido concedido.
Sí, también recibimos lo que rechazamos.
Porque la misericordia y la verdad se encuentran juntas
Y la rectitud y la dicha se besarán mutuamente”
.

   En resumidas cuentas, El festín de Babette es la película favorita del Papa Francisco. Es una película que nos desafía a mirar fuera de nosotros mismo para contemplar la belleza de la alegría y la misericordia de Dios. Es una película sobre el servicio desprendido al prójimo, que no siempre es acorde con nuestra normativa humana, y precisamente por ello nos puede ayudar a la corrección de nuestra tal vez distorsionada visión sobre la misericordia de Dios.
   Tal y como dice Philippa a Babette al final de la película: “Esto no termina aquí, Babette. En el Cielo serás la gran artista que Dios quería que fueras. ¡Cómo deleitarás a los ángeles!”.
   Para una ficha de la película, he aquí el resumen siguiente:
   Breve sinopsis: Año 1871. En una remota aldea de pescadores de la costa danesa, dominada por la tradición puritana, dos hermanas solteras recuerdan con nostalgia su lejana juventud. La aparición de Babette, que llega desde París, huyendo del terror, cambiará sus vidas. La recién llegada es acogida como sirvienta y, años después, tendrá ocasión de corresponder a la bondad y al calor con que fue recibida organizando una opulenta cena con los mejores platos y vinos de la gastronomía francesa.
Oscar Mejor Película Extranjera 1988
Premio BAFTA Mejor Película en Habla No Inglesa
Festival de Cannes: Mención Especial del Jurado Ecuménico
Nominada a 5 Premios BAFTA de la Academia Británica: Mejor Película, Director, Actriz, Fotografía y Guión Adaptado
Condor de Plata de la Academia Argentina Mejor Película Extranjera
Nominada al Cesar de la Academia Francesa como Mejor Película Europea
Sindicato de Periodistas Italianos: Premio Mejor Actriz, Nominación Mejor Director
Premio a la Mejor Actriz y la Mejor Película Extranjera del Círculo de Críticos de Londres
Premio a la Mejor Película Extranjera del Círculo de Críticos de Kansas
Premio a la Mejor Actriz del Festival de Robert
Gran Premio del Jurado y Premio del Público del Rouen Nordic Film Festival
Festival Internacional de Cine de San Sebastián 2012 – Culinary Zinema: Cine y Gastronomía
   Título original: Babettes gæstebud
   Director: Gabriel Axel
   Guión: Gabriel Axel basado en la novela de Karen Blixen
   Intérpretes: Stéphane Audran, Bodil Kjer, Birgitte Federspiel
   Nacionalidad: Dinamarca
   Género: Drama
   Año: 1987

Fotograma de la película

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ABORTAR

   Según el diccionario de la RAE, resumidamente, se refiere a la interrupción natural o provocada que hace cesar el desarrollo del feto durante el embarazo. También se dice abortado todo lo que resulta fracasado, malogrado, frustrado, malogrado, no logrado o no alcanzado, todo lo referido a un plan frustrado o a una acción que se interrumpe o se hace que cese.

   Nos encontramos en pleno debate social sobre uno de los problemas humanos ante el cual “se hace cada vez más difícil una discusión serena y equilibrada”.  De hecho el debate sobre el aborto ha llevado y está llevando a una fragmentación de nuestra sociedad, puesto que son muchos los  factores que están implicados: científicos, médicos, jurídicos, morales, religiosos, sociológicos, opciones políticas, diferentes sensibilidades, presiones de la ideología feminista, presiones de la llamada ideología de género y difusos complejos de culpa. Lo que considerado en sí mismo es un gran fracaso humano, puesto que la vida es el mayor bien que tiene el hombre, puede llegar a convertirse, en algunos casos, en bandera a desplegar entre aplausos y alharacas en aras de un progresismo social y cultural.

   La misma palabra aborto es una palabra desagradable, su etimología del latín (ab-ortus, apartado del nacimiento) tiene siempre resonancias negativas, puesto que el nacimiento, el dar a luz, la apertura de los ojos a la vida, ha sido y es en todas las culturas un motivo de alegría y de regocijo.  

   A pesar de las estadísticas, de la aceptación social que el aborto suponga y de la legislación al respecto, puede decirse que el aborto conlleva su fracaso. Podemos asegurar que a nuestra generación la juzgará la historia por su insensibilidad ante esta cuestión moral, algo así como nosotros juzgamos a generaciones anteriores que no fueron sensibles o lúcidas ante problemas como por ejemplo el de la esclavitud. No es un asunto trivial o superficial, ni un método anticonceptivo entre otros, y tampoco es un derecho o conquista social de la mujer.

   Entre los argumentos -realmente mitos- de las personas favorables o consentidoras  de abortar está supuestamente el de la ciencia: que no se puede establecer con certeza acerca de cuándo se inicia una vida humana; de ahí la frase diciendo que “el embrión, o en su caso el feto, es un ser vivo, pero no se puede decir científicamente que sea un ser humano”.

   En perspectiva cristiana, además del “no matarás” bíblico y muchos pasajes de la Sagrada Escritura que podríamos recorrer, juntamente con las aportaciones patrísticas, tenemos muchos rechazo y condena a la acción de abortar, que aparece como asesinato ya en aquel documento cristiano que se conoce como Epístola de Bernabé, que se compuso en los años treinta del siglo II: “No matarás al niño mediante aborto, ni le darás muerte una vez que ha nacido” (Epístola de Bernabé. XIX, 5, en Fuentes Patrísticas, 225). En otro momento de la Epístola de Bernabé, describiendo una serie de vicios y de pecadores se habla de los “matadores de sus hijos por el aborto”. En una obra del primer apologista cristiano, Minucio Felix, se llama parricida a las mujeres que “bebiendo preparados médicos extinguen los cimientos del hombre futuro en sus propias entrañas, y de esta forma cometen parricidio antes de parirlo”

   Y así hay muchísimo más en la tradición, enseñanza y magisterio de la Iglesia, hasta llegar a la Constitución Pastoral Gaudium et Spes, del Concilio Vaticano II, que dice:  “Cuanto atenta contra la vida –homicidios de cualquier clase, genocidios, aborto, eutanasia y el mismo suicidio deliberado–; cuanto viola la integridad de la persona humana, como, por ejemplo, las mutilaciones, las torturas morales o físicas, los conatos sistemáticos para dominar la mente ajena; cuanto ofende a la dignidad humana, como son las condiciones infrahumanas de vida, las detenciones arbitrarias, las deportaciones, la esclavitud, la prostitución, la trata de blancas y de jóvenes; o las condiciones laborales degradantes, que reducen al operario al rango de mero instrumento de lucro, sin respeto a la libertad y a la responsabilidad de la persona humana: todas estas prácticas y otras parecidas son en sí mismas infamantes, degradan la civilización humana, deshonran más a sus autores que a sus víctimas y son totalmente contrarias al honor debido al Creador”(nº 27).

   “Pues Dios, Señor de la vida, ha confiado a los hombres la insigne misión de conservar la vida, misión que ha de llevarse a cabo de un modo digno del hombre. Por tanto, la vida desde su concepción ha de ser salvaguardada con extremados cuidados; el aborto y el infanticidio son crímenes abominables” (nº 51).

   El pensamiento cristiano –como su praxis– ha sido muy claro y coherente desde los primeros siglos del cristianismo hasta nuestros días en defender la vida humana desde su concepción hasta la muerte natural. Desgraciadamente en el debate actual se alzan algunas voces, que definiéndose como cristianas, intentan decir que en el seno del catolicismo existe un amplio pluralismo, calificando a los defensores de la vida y a la jerarquía católica como ultraconservadores  y opuestos al avance científico. 

   (Las ideas y citas aquí expuestas pueden encontrarse más ampliamente desarrolladas en Eduardo López Azpitarte e Ignacio Núñez de Castro, Cruzando el puente. Problemas éticos relacionados con la vida, Madrid, San Pablo, 2011, pp. 127-125).

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   Nacionalizar:

A considerar en Doctrina Social de la Iglesia

   Según el Diccionario de la RAE, nacionalizar es dar la nacionalidad, acogiendo, reconociendo y legitimando en un país, en una nación, a los extranjeros o personas provenientes de otro país o nación, de modo que gocen de todos los derechos y privilegios o estatutos de igualdad que poseen los ciudadanos o habitantes de acogida, lo que equivale a naturalizar.
  Nacionalizar significa también poner bajo la explotación y administración del Estado empresas, bienes o servicios que eran de propiedad privada. En este sentido ha de considerarse el tema “nacionalizar-privatizar” o “nacionalización-privatización”. En ello pueden darse tensiones y fuerzas contrapuestas, lo forzado o lo acordado, etc.
   Igualmente es hacer que pasen a manos nacionales de un país bienes o títulos de la deuda del Estado o de empresas particulares que se hallaban en poder de extranjeros.  O hacer que pasen a depender de un gobierno nacional propiedades industriales o servicios explotados por los particulares.
   Nacionalizar es proceder a una nacionalización, lo que puede referirse a dos cosas o realidades:
  • A una estatalización o transformación de una empresa o unidad económica privada en una empresa pública, entendiéndose que se trate de una socialización o nacionalización de los medios de producción. Sin embargo, la nacionalización se refiere específicamente a la recuperación de una empresa extranjera (no nacional) y su incorporación al dominio del Estado.
  • A una naturalización o proceso mediante el cual un ciudadano de un Estado adquiere la ciudadanía de otro, al menos mediante algunos considerables vínculos.
   En sus orígenes, la nacionalización consistió en el intervencionismo estatal. El objetivo de toda nacionalización es hacer público lo privado, sobre todo si se trata de propiedad privada extranjera. Los modos (y métodos) de intervención directa del Estado en la economía tuvieron su inicio en el ámbito capitalista de Occidente en 1929, cuando se conoció la Gran Depresión que siguió a la Primera Guerra Mundial (1914-1918).
   Los motivos por los que se da una nacionalización responden por lo general a razones de Estado, respecto a seguridad en la adopción de políticas estratégicas, de planes macroeconómicos tendentes a la protección del bien común. También se recurre a la nacionalización represalia o castigo ante comportamientos ilegales o inapropiados por parte de empresas privadas o particulares.
   Digamos que todo se puede nacionalizar y expropiar, desde bienes inmuebles (edificio, finca, estación de servicios u hospederías, etc.), una empresa entera (bancos, fábricas, etc.) o una cantidad de bienes capitales.
   Y todo ello tiene sus consecuencias, dependiendo del caso específico o del tipo de bienes que se expropian. Por ejemplo, la nacionalización de empresas de servicios básicos (luz, electricidad, etc.) le brindan al Estado un mayor control sobre los aspectos más elementales de la vida en el país, pero a cambio suelen burocratizar sus procesos.
   En líneas generales se acusa a los procesos nacionalizadores de dañar el patrimonio privado, burocratizar los servicios y permitir la entrada de la ineficiencia y la corrupción, cuando no de establecer tarifas contrarias a la rentabilidad empresarial que acaban por disminuir la efectividad de la empresa.
   De otra parte, puede ser reconocible el efecto protector que la nacionalización de algunos bienes tenga en el consumo público, en la protección de los intereses nacionales e incluso en un más equitativo y justo reparto de las riquezas.
   Los procedimientos de nacionalización se encuentran por lo general detallados en el marco legal específico de una nación, e incluyen el pago compensatorio por las propiedades incautadas a sus antiguos dueños, según tarifas y montos que, en el mejor de los casos, son de mutuo acuerdo entre las partes. En teoría no se trata de una especie de robo por parte del Estado, sino de una compra forzosa.
   Eso tiene sus inconvenientes. Las nacionalizaciones son siempre recibidas con alarma por parte del sector privado empresarial, que las entiende como una amenaza posible y una intervención radical o inmiscuirse del Estado en materia de economía y negocios, pudiendo ahuyentar las inversiones futuras.
   Por otro lado, se ha cuestionado el sentido de las nacionalizaciones que promueven el enriquecimiento de los funcionarios gubernamentales (corrupción).
   Una vez nacionalizadas, las empresas tendrían que continuar sus funciones propias, pero bajo un régimen de empresa pública o empresa estatal, lo que a menudo se refleja en sus tarifas y costos de servicios. Este tipo de medidas se dan en pro de un plan económico o social determinado por el Gobierno.
   Respecto a los bienes públicos, pasan también a ser patrimonio del Estado y servirán para la ubicación, construcción o funcionamiento de instituciones designadas por el Estado, ya sea que tengan o no que ver sus nuevas metas con las que se desarrollaban en el pasado.
   Nacionalización y privatización son cosas diferentes, de procesos totalmente opuestos: mientras la nacionalización hace públicos bienes privados (sobre todo extranjeros), la privatización hace privados bienes públicos (incluso a clientes extranjeros). Es decir, el primero se trata de una compra forzosa por parte del Estado y el otro se trata de una venta al mejor postor por parte del mismo.
   Nacionalización y estatalización también son diferentes, aunque vienen a parecer términos más o menos sinónimos. La única o más notable diferencia está en que por “nacionalización” se entiende a menudo que la nación hace bienes privados de algún interés extranjero, mientras que por “estatalización” se entiende lo mismo pero de cualquier tipo de bienes. Podemos decir entonces que la nacionalización es un tipo de estatalización.
   Esto lo hemos sacado en parte de “Nacionalización”, siendo la autora Julia Máxima Uriarte. Para: Caracteristicas.co. Última edición: 27 de septiembre de 2017. Disponible en: https://www.caracteristicas.co/nacionalizacion/. Consultado: 14 de mayo de 2019.
   Se concluye para mí (Francisco Suárez Salguero), desde todas las fuentes consultadas, que tanto nacionalizar como privatizar general resultados desastrosos allí donde gobiernan corruptos. Tanto las privatizaciones como las nacionalizaciones fracasan por la corrupción, ninguna de las dos funciona mientras la corrupción las domine, pero si no hubiese corrupción de por medio: ¿qué sería mejor privatizar o nacionalizar? En países desarrollados con excelente nivel de vida como Suiza o Singapur la tendencia es privatizar. En efecto, si nos guiamos por el ejemplo de los países más desarrollados, privatizar será sin duda mejor opción que nacionalizar. También se puede tener en cuenta el proceso empresarial mixto y generador de clientela, teniendo en cuenta que al Estado ha de corresponderle luchar y atajar en lo posible toda corrupción y delincuencia, mediando entre nacionalizar y privatizar.

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