Siglo XIII

El siglo del arte gótico.

Ciertamente es de esplendor con su parte de miserias el siglo XIII, abriéndose con el gran pontificado de Inocencio III con su ideal socio-político del todo religioso y muy medieval.

Es un siglo en el que prosiguen las cruzadas y en el que surgen las grandes órdenes mendicantes, en pos de San Francisco de Asís y Santo Domingo de Guzmán.

Aparece también la Inquisición. Y tendrán mucha relevancia los viajes de Marco Polo por el lejano Oriente y China.

Es el siglo de las Universidades y de las grandes lumbreras intelectuales, como San Alberto Magno y su discípulo Santo Tomás de Aquino.

Es el siglo del arte gótico.

Es el siglo de la Carta Magna o Constitución, que limitaba los derechos absolutos de los reyes. ¡Interesante siglo!

Las cruzadas del siglo XIII presentan ya signos de decadencia.

La cuarta (1202-1204) tenía como fin devolver vida y fuerzas al agonizante reino franco, que se había establecido en Tierra Santa. Pero se desvió de sus verdaderos fines, y en vez de dirigirse a Palestina, los cruzados penetraron en Bizancio (Constantinopla) en 1204 y depusieron al emperador Alejo V. Coronaron a Balduino de Flandes e instauraron allí un Imperio Latino que perduraría más de medio siglo. Bizancio se convirtió así en feudo del Papa hasta 1260. Este hecho fue uno de los principales agravios, cometidos por los cristianos occidentales a los cristianos ortodoxos u orientales.

En la quinta cruzada (1217-1221) el rey Andrés II de Hungría obtuvo sólo muy relativos avances. Fue una cruzada dirigida a Siria y Egipto.

La sexta cruzada (1228-1229) fue capitaneada por el emperador Federico II Hohenstaufen, en situación de excomulgado por el Papa. Mediante alianzas habilísimas, propias de su genio político, y sin recurrir a las acciones bélicas, instauró en Jerusalén una política de tolerancia religiosa. Un tratado con el sultán Al-Kamil puso en manos de Federico Jerusalén, Belén, Nazaret y otros lugares, a cambio de territorios que dominaban los cristianos al norte de Siria. En marzo de 1229, Federico hizo su entrada solemne en Jerusalén, mientras el patriarca latino lanzaba el entredicho sobre la ciudad. Jerusalén permaneció tan sólo quince años en manos de los cristianos y en agosto de 1244 se perdió definitivamente.

Las dos últimas cruzadas fueron empresas completamente francesas, organizadas por el rey Luis IX de Francia, San Luis.

La séptima (1248-1254), dirigida contra Egipto, tenía como fin recobrar nuevamente Jerusalén, caída en poder de los turcos turco en 1244. Los cristianos se habían replegado a unas cuantas fortificaciones, como San Juan de Arce y Antioquía. Terminó en un desastre. El rey y el ejército fueron hechos prisioneros y tuvieron que pagar un cuantioso rescate por la liberación.

La octava y la última cruzada (1270) fueron empresas llevadas a cabo por el mismo rey Luis IX de Francia, respondiendo al requerimiento del Papa Inocencio IV para contener el avance turco. Antes de partir hacia Jerusalén, se apoderó de Túnez, en el norte de África. Allí murió, enfermo y agotado, compartiendo su condición de víctima epidémica todo su ejército. Nunca más se hará otro intento de reconquista en Tierra Santa.

Destacó en España la memorable cruzada contra los almohades, decisivamente victoriosa para los cristianos en Las Navas de Tolosa (año 1212). Serán muy señeras figuras posteriormente el rey Fernando III el Santo y Alfonso X el Sabio.

Hubo también herejías: valdenses, cátaros, albigenses… Y sus respectivas cruzadas contra ellos. Y hubo Concilios destacables.

El final del siglo XIII fue como el de una otoñal crisis, prosiguiendo la historia hacia adelante, como los hombres la hacen y como Dios sabe.

 

 

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