Siglo VIII

 

En el siglo VIII resultó indudable la expansión musulmana. Los árabes conquistaron definitivamente el norte de África haciéndose también presentes del todo en la Península Ibérica, tras derrotar a los visigodos en la batalla de Guadalete (año 711). Fue vencido y muerto el rey Rodrigo, todo debido a las disputas e intrigas internas y a la falta de resistencia efectiva. El reino visigodo de Toledo desapareció y se impuso el califato omeya de Córdoba. Los musulmanes también cruzaron los Pirineos y se adentraron en territorio franco, invadiendo y blandiendo sus banderas. Pero fueron detenidos por Carlos Martel en la decisiva batalla de Poitiers (año 732), frenando así de manera definitiva el avance hacia Europa de los musulmanes. Décadas después, el rey de los francos, Carlomagno, funda el Imperio Carolingio, siendo reconocido emperador por el Papa, con todo el refrendo de la Santa Sede. Dicho Imperio apenas sobrevive al propio Carlomagno (muerto en 814), siendo repartido por sus descendientes, de más débil personalidad y de menor efectividad política.

En Oriente, mientras tanto, los musulmanes fueron expandiéndose hasta el río Indo, en frontera con la India, siendo su frontera en Occidente la Septimania, al sur del reino franco hacia el Mediterráneo. Por su parte, el Imperio Bizantino se verá acorralado y habrá asedio de Constantinopla por parte de los árabes en los años 717 y 718. El asedio acabó roto gracias a la intervención y ayuda de los búlgaros y a las casi inexpugnables defensas de la ciudad.

De otro lado, el reino de Asturias, al norte de la Península Ibérica, se rearma tras el colapso del reino visigodo de Toledo. En sus primeras décadas, la extensión territorial del reino de Asturias se limitó a los territorios de la cornisa cantábrica y sus comarcas adyacentes. Con posterioridad, los reyes asturianos iniciaron una vigorosa expansión durante el siglo IX y que a principios del siglo X alcanzará ya el río Duero.

Se considera que la historia del reino se inicia en el año 718, fecha probable de la elección de Don Pelayo como princeps o jefe de los rebeldes. El final suele establecerse en el año 925, cuando Fruela II de Asturias sucede a su hermano Ordoño II y une sus territorios al reino de León. El reino de Asturias (y León) es el precedente histórico del reino o corona de Castilla y del reino de Portugal, todo ello urdiéndose como España y Portugal.

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