Siglo V

El siglo V marca el final o acabose del Imperio Romano, dividido en Occidente y Oriente, todo con la consumada crisis económica que ya venía de bien atrás. El Imperio Romano de Occidente, en el que irrumpen las conocidas como invasiones bárbaras, agoniza hasta desaparecer. El Imperio Romano de Oriente vino a transformarse hasta convertirse en el conocido como Imperio Bizantino.

En Italia hay dos zonas de poder, la de Roma, sede del senado, y la de Rávena, capital del Imperio, donde se sitúa la corte.

En Constantinopla, sede de la corte oriental, vendrá a ser muy criticada la emperatriz Eudoxia, fastuosa y lujuriosa, muy censurada y acusada por San Juan Crisóstomo. Pero no se agota en esto la historia bizantina de este siglo.

Como historia de la Iglesia, el siglo V fue de mucho avance en la explicitación y fijación del dogma cristiano. Es el siglo de los grandes Padres de la Iglesia, obispos y sacerdotes, hombres santos y bien preparados, pastores que supieron defender y explicar la fe al pueblo, centrándose sobre todo en la meditación y comentario de la Sagrada Escritura, enriquecida con la cultura antigua, a la que ellos cristianizaron. Se expresaron unos en latín y otros en griego. Supieron unir santidad personal y ortodoxia doctrinal. Estos Santos Padres son testigos eminentes de lo que hoy llamamos Tradición de la Iglesia.

Figuras destacadas de la Patrística fueron los Santos Atanasio, Basilio, Gregorio Nacianceno, Gregorio de Nisa, Juan Crisóstomo, Cirilo de Jerusalén y Cirilo de Alejandría (en lengua griega), sobresaliendo también, en lengua latina, los Santos Jerónimo, Agustín, León Magno y Gregorio Magno.

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