Siglo IV

El siglo IV empezó con una gran persecución, la novena de entre las más destacadas, siendo decretada por el emperador Diocleciano en el año 303. Entre las regiones o zonas del Imperio que más sufrieron podemos mencionar España (Hispania), Italia y África. Pero los cristianos, aunque hubo apostasías, daban mayoritariamente testimonio de su fe en Cristo, y preferían morir antes que renegar de sus prácticas y creencias.

Y el Evangelio penetró finalmente y de lleno en el palacio imperial. Es indudable que el hecho más importante o destacado de este siglo fue la conversión al cristianismo del emperador Constantino, siguiendo el ejemplo de su madre Santa Elena. El año 312, en el puente Milvio sobre el Tíber, venció Constantino a Majencio que quería arrebatarle el Imperio.

Majencio huye y se ahoga en el Tíber. Eusebio, amigo y confidente del emperador, añade que en la víspera Constantino y sus soldados vieron en el cielo una cruz luminosa con estas palabras: “Con esta señal vencerás”. Lactancio, escritor contemporáneo, dice que, convertido Constantino, hizo inscribir en el lábaro o bandera imperial el mono-grama de Cristo.

En el año 313, publicó Constantino un edicto de tolerancia para los cristianos e impu-so la paz religiosa. Así terminaron las crueles persecuciones. La medida o resolución que tomó el emperador se conoce como Edicto de Milán, reconociéndose en el mismo plena libertad de culto a todos los ciudadanos del Imperio de cualquier religión que fueran. Debían devolverse a los cristianos los edificios confiscados. Se prohibió que se obligara a los cristianos a celebrar ritos paganos; se fomentó y favoreció la conversión al cristianismo; fueron defendidos los esclavos y quedó prohibido matarlos; quedó prohibido también el adulterio y se declaró que el día domingo fuera festivo a todos los efectos.

Pero no todo vino a ser fácil. Podemos destacar también el sucederse de herejías con arraigo, como la cizaña en el trigo, según enseña una conocida parábola evangélica. Y hubo respuestas de la Iglesia mediante históricos Concilios, sucediéndose mucha y excelente enseñanza patrística, con mucha vida santa, comprometida, generosa…

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