La España Mozárabe

A partir de la segunda mitad del siglo IX se generaron, tanto en los territorios dominados por los árabes como en los reinos cristianos, las condiciones adecuadas para promover la emigración de amplios grupos de los cristianos que vivían en Al-Ándalus, que eran llamados mozárabes, hacia los territorios cristianos en los que se integraron sin problemas, ya que tanto unos como otros había mantenido el sustrato cultural visigodo y compartían religión, cultura, muchas de las costumbres e incluso una liturgia muy concreta y claramente diferenciada de las del resto del entorno europeo.
Estos nuevos pobladores se instalaron, junto con los habitantes de los antiguos territorios cristianos, en las nuevas tierras que se iban conquistando, fundamentalmente entre los montes cántabros y el Duero. En esta zona de frontera que, expuesta a continuas razias árabes, debía mantenerse en un perpetuo estado de alerta, fueron creando con el apoyo de la monarquía astur-leonesa nuevas villas y monasterios, en algunos casos sobre las ruinas de otros anteriores o sobre algunos de los antiguos eremitorios rupestres que existían desde la época visigoda. El impulso creador de los mozárabes que, después de haber vivido siglo y medio bajo dominación árabe, conservaban su religión y cultura desde la época visigoda, unido al espíritu de reconquista y de deseo de promoción social que aportaban los cristianos que habían tenido que refugiarse en la cornisa cantábrica ante la conquista árabe, generó un nuevo movimiento artístico y cultural que potenciaba la herencia visigoda en todas las áreas de expresión y que se fue extendiendo desde esta zona de repoblación hacia todo el conjunto de los territorios españoles dominados por los cristianos.
Esta nueva situación generó un cambio radical, tanto en el espíritu como en las formas, respecto al período asturiano puesto que el desarrollo de las nuevas construcciones y del resto de actividades artísticas ya no estaba dirigido directamente, aunque sí apoyado, por el monarca lo que permitió recuperar la libertad de formas dentro del mismo espíritu ecléctico que había existido en la época visigoda con lo que volvemos a encontrar una gran variedad de estructuras en las que el único elemento realmente distintivo es nuevamente el arco de herradura, aunque ahora con una mayor libertad de formas. De la misma manera que en el período visigodo se fueron asimilando, sobre un substrato básicamente romano, la cultura visigoda y las distintas influencias que iban apareciendo como la norteafricana o la bizantina, en esta fase que se ha dado en llamar no sin grandes controversias «Arte Mozárabe», se incorporan a todo lo anterior algunos nuevos elementos aprendidos en Al-Ándalus, como sus técnicas de cobertura, el alfiz o los modillones, enriqueciendo, pero sin modificarla sustancialmente, la herencia del siglo VII.

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